Hay un vacío donde antes estaban mis ojos. Sucedió anoche, mientras dormía y se que fueron silenciosos y sutiles en irse pues apenas recuerdo una suave incomodidad y hace unos momentos el despertador se disparó y desperté asombrado de no haber sentido el sol filtrándose por entre las persianas que cada noche dejo ligeramente abiertas con el fin recibir el alba y despertar con el día.
He perdido los ojos. Se fueron y no tengo idea de a donde podrán haberse ido. Imagino se encuentran en la costanera observando la bella salida del sol pues eso es algo que yo disfruto enormemente y se bien ellos también.
Con pasos torpes y los brazos estirados buscando cualquier cambio en la habitación que conozco ya tanto y que ahora no se siente como antes, logro llevarme hasta el baño y procuro continuar mis actividades normales pues confío en que no tardarán en aparecer y ocupar los lugares vacíos de mi cabeza donde pertenecen.
Mientras con las manos busco la pasta de dientes y mi cepillo ya tan viejo e inútil, escucho el rugido pesado y humeante de un bus afuera en la calle de abajo que se cuela por la ventanilla de mi baño que no es lo suficientemente grande para aliviar el pequeño espacio del vapor que produzco con mis duchas matutinas y que siempre resulta en una humedad que se pega en todas las paredes y que no permite que esta parte del pequeño cuartucho donde vivo se mantenga limpia durante más de un par de días.
Mi vecina encendió ya la música que la acompaña durante el día, el problema es que no es de mi agrado y el volumen tiene que ser tan alto como para que yo y el resto del edificio lo escuchemos y de igual manera ella pueda apenas percibir el murmullo de esa simpleza de sonidos que a ella tanto le gustan con esos oídos que parecen percibir cada vez menos. Apenas hace unos meses la música no era tan alta. Ella suele pararse en la puerta principal del edificio y esperar a alguien, por lo menos eso le cuenta a todo el que salga o entre. Después de un par de horas, cierra la puerta y camina con la misma expresión decepcionada y se encierra el resto del día en el departamento minúsculo a reventarse lo poco que le queda en los oídos con esa música que apenas puede sentir.
Me costó bastante poder regresar hasta la cama por los objetos que con los que no pude evitar tropezar y es claro que hay pequeñas criaturas moviéndose por entre los pocos muebles y las cajas. Caminando por encima de los libros y de mis pies desnudos, son suaves y fríos, de piel tersa y sus patitas tienen garras pequeñas que suenan como rebotes por todo el piso de madera.
Me siento al borde del colchón con las piernas estiradas sobre el piso y busco con las manos la caja de zapatos donde guardo todo lo que me es importante. Al encontrarla remuevo el contenido con los dedos y encuentro mis lentes oscuros, al borde de la cama están mis jeans y la camiseta blanca que usé ayer y que usaré mañana. Después de vestirme me extiendo a través del piso y mis manos van en busca de los zapatos que ayer antes de acostarme me quité con una patada y que se están por ahí. Las criaturas corren por todos lados y sus pequeñas garras producen un sonido que es distinto cuando mis oídos están tan cerca de la madera. De fondo, la música de mi vecina. Encuentro los zapatos y trato ahora de encontrar las llaves, que después de unos minutos me doy cuenta están en el bolsillo de mis jeans. Ahora solo me queda armarme de valor para salir a la calle y encontrar mis ojos, cosa que obviamente no resultará tan simple y que como aventura tiene todas las características del fracaso y el riesgo sin sentido. Quizás debería esperar a que ellos se den cuenta de que no pueden dejarme así, que son necesitados y esto los empuje a regresar y hacerme la vida más fácil, quizás entonces tratarlos mejor, procurarles atardeceres y mujeres bonitas para observar.
Llego a la puerta y al abrirla todas las criaturas se detienen de golpe, como esperando algo; salgo al pasillo y después de dar llave a la puerta, se reanudan en el interior de mi departamento los movimientos y golpecitos de garras en el piso de madera.
El camino a través del pasillo se siente más lento que de costumbre, lo único en mi mente es el deseo de no cruzarme con nadie pues es difícil que te crean que tus ojos se han ido por voluntad propia y que bien sabes lo caprichosos que suelen ser; significando esto que regresaran, si, pero no pronto y no contentos de hacerlo. Todo lo anterior explicado, por ejemplo, a mi vecina de oídos fallidos; resultaría en llamadas a la policía hablando del loco del departamento de enfrente que ahora (pues es común que este tipo de cosas me ocurran) dice haber perdido los ojos y muy seguramente en preguntas difíciles de responder como que son esas criaturas que corren por todo el departamento y que muy seguramente no podrán ver, solo escuchar. Es por esto, que me aferro a la pared y lentamente camino, en caso de que alguien pase cerca de mi, planeo quedarme quieto y dejar pasar a quien quiera hacerlo sin hablarle y sin observarlo.
Logré salir a la calle sin ningún problema, aunque me doy cuenta lo difícil que puede resultar salir al barullo ensordecedor de la calle sin poder ver nada, es claro que entre los buses, autos, la desesperación de la vida de todos los días que se refleja en claxons continuos y es casi como un concierto de sordos con partituras de distintas músicas cada uno.
Por esto me siento en el más alto de los escalones a tranquilizarme un poco y tratar de ordenar todo lo sucedido y así decidir a donde seguir. Me doy cuenta que el movimiento natural de esta ciudad no se ve diezmado por el hecho de que esté un hombre sentado fuera de su casa con lentes oscuros debido al furtivo escape de sus ojos y tengo muy claro que hechos aún más peligrosos y tristes son igual de ignorados, todo por un sinnúmero de razones aunque sin negar que todas tienen que ver con la comodidad de una vida llevada a cierto punto. Preocuparnos por todo este tipo de asuntos nos resultaría en una vida llena de consternaciones por cosas que no podemos arreglar sin dejar de cubrir todo aquello que necesitamos para el día a día. Si no tenemos que comer, difícilmente nos podemos preocupar por que otros no coman.
No se bien que hora es, en inicio, cuando dejé la incomodidad de mi departamento podía aún imaginar un cierto tiempo transcurrido de este raro día; sin embargo conforme me pasan las horas o los minutos o quizás los días me doy cuenta que he perdido la casa, que no se bien en que parte de esta ciudad estoy y también que mi caminar que antes podía mas o menos recordar, se ha hecho una maraña de izquierdas y derechas que ya no tienen sentido y que me confunden cada vez más. Por lo cual, continuo caminando en busca de un asiento o un pedazo de pasto donde pueda recostarme y pensar un poco. Sin dirección, sin idea de donde podré estar y también con la vergüenza de quien no puede permitirse admitir que sus globos oculares se han ido y no sabe a donde fueron ni cuando regresaran. Lo que es peor, que aún si ellos regresaran, digamos, al departamento; no me encontrarían y aunque se que es la primera vez que advierto la presencia de estas criaturitas que corren por todos lados en mi habitación, estoy convencido que no es el lugar apropiado para un par de ojos solos. Si llegaran a devorarlos, estaría destinado a no ver por el resto de mi vida y eso si es un problema.
Ha caído la ciudad en un silencio incomprensible, no hay autos cerca y hace bastante tiempo que no escucho un grito, una voz cercana e incomprensible o una risa lejana. No hay ningún bus cerca y no lo ha habido en mucho tiempo, me queda claro entonces que todos han desaparecido. Que se han vaciado las calles y esto les hará a mis ojos mucho más simple encontrarme, asumiendo que están ya más tranquilos y están buscándome.
Tengo la cara rasposa, la barba me ha crecido ya bastante. Esto me preocupa pues que el vello en mi rostro crezca hasta el punto en que puedo sentirlo, es algo que no había sucedido sino hasta ahora. Esto significa que han pasado ya muchos días o que en el mejor de los casos, mi metabolismo ha cambiado y ahora mi barba crece mucho más que antes. Quizás ambos…
Hoy hay un zumbido alrededor mío desde hace bastante. Como ya he dicho, el tiempo me es, conforme pasa, mas y mas confuso, como si de alguna manera, el que mis ojos estén perdidos, me haya dejado confundido en un mundo donde ellos son los que perciben nuestra idea de tiempo. Dejándome preguntas que no se pueden responder y todavía sin la mínima esperanza de poder regresar a casa o de recuperar la tranquilidad de no sentir mis párpados como pedacitos de tela que ondean con rapidez cuando el viento me da en la cara.
No los culpo, a mis ojos. Observando tantos niños de miradas tristes, la suciedad, la miseria y todo eso que ya sabemos ignorar pero que no nos preguntamos como es que hemos aprendido a hacerlo. Haciéndonos las cosas más simples construyendo una tranquilidad a base de ojos que ven pero no sienten.
Y es por esto que no los culpo, se que se fueron para evitar repetir la rutina constante de siempre ver a alguien distinto en una situación nueva.
Otra vez el silencio, perdido en una penumbra y un silencio que hasta hace no se cuanto era el barullo incesante de la ciudad de maquinas funcionando. Una calma que ni el viento rompe, pareciendo como si no existiera nada más. Ahora siento mis pies posándose en un material suave que antes era lo que imagino era pasto. Me inclino para sentir el suelo con mis manos y es como si me hundiera en agua y me envuelve y no necesito respirar. Consciente, flotando en un liquido tibio, con la única esperanza de que quizás esto sea solo un sueño y que pronto despertaré.
Quizás aquí voy a quedarme y es todo culpa de que mis ojos se hayan ido. Que me hayan dejado solo conscientes de que esto iba a suceder, creo yo. Abandonándome para ocultarse donde no verían más que el negro que ahora y siempre voy a continuar viendo. Mis cabeza y el resto se sienten vacíos. He perdido los ojos.
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